Control de precios, ¿Una milenaria mala idea?

El control de precios se entiende como un sistema por el cual el gobierno fija la tarifa a pagar por una mercancía, o que puede establecer una cotización mínima y/o máxima. Esta política tiene un origen de hace 4000 años, el primer registro fue en Babilonia para regular el comercio de granos y bienes básicos debido a la inflación. A lo largo de la historia, desde la Antigua Roma con el Edicto de Precios Máximos de Diocleciano hasta la Edad Media y el siglo XX en América Latina, los intentos de controlar los precios han aparecido de manera recurrente. En muchos de estos casos, las autoridades buscaron contener tensiones sociales o frenar procesos inflacionarios, pero la experiencia histórica muestra que estas intervenciones frecuentemente terminan alterando el funcionamiento de los mercados, generando escasez de bienes, aparición de mercados paralelos y malestar social.

Resulta llamativo que, pese a esta larga experiencia acumulada, el control de precios continúe reapareciendo como una herramienta de política económica. A menudo se presenta bajo la idea de que las dificultades observadas en el pasado no fueron consecuencia de la política en sí, sino de su aplicación incompleta o incorrecta. De esta forma, una medida que ha acompañado a las economías durante milenios vuelve periódicamente al debate público, generalmente bajo la premisa de que, con el enfoque adecuado, esta vez podría funcionar de manera distinta.